viernes, 14 de julio de 2006

¿Por qué "A coger caracoles"?

Cuando era pequeña, pasaba los veranos con todos mis primos (todos más pequeños que yo) en la casa del pueblo, con mis abuelos.
Mi abuela cocinaba, limpiaba y cuidaba de todos. Era la abuela-madre.

Pero también estaba la abuela-bruja, que nos contaba cuentos e inventaba historias maravillosas. Mis primos y yo crecimos creyendo que todo era posible, que había duendes detrás de cada piedra, que los árboles eran lugares de reunión para las brujas y que en las noches de luna llena proyectabas no una, sino hasta tres sombras.

Las tormentas de verano en el pueblo eran aterradoras. Las montañas crujían como si fueran a romperse, el río solía desbordarse, invariablemente nos quedábamos sin luz y teníamos que ir con velas por toda la casa.
Pero cuando por fin dejaba de llover, era un momento mágico. Entonces salía la abuela-niña, que nos miraba sonriente y con los ojos brillantes, y nos decía "Vamos a coger caracoles!"
Y allá que nos íbamos todos, 12 o 14 pies pequeños con ella. Recuerdo el olor del campo después de llover como uno de los mejores del mundo. La delicadeza en nuestros pasos para no pisar ningún caracol, la alegría de descubrirlos, seguirlos y observarlos casi hipnotizados, el regresar a casa, mojados y con las mejillas coloradas.

Jamás comimos ninguno de esos caracoles. Eran caracoles de carreras, caracoles amigos, que al cabo de unos días devolvíamos al campo.

A veces echo de menos esos caracoles. Y el olor de la lluvia. Pero sobre todo, echo de menos a mi abuela, entusiasta, diciendo "Vamos a coger caracoles!!"

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Qué potito!, ¡ays, las abuelas!.

Y yo que pensaba que lo de "coger caracoles" venía porque tendías a entretenerte con cualquier cosa y llegar tarde a tus citas...

Un beso