
Qué asco de día.
No ha dejado de estar triste.
No ha dejado de llover. Está mojado, frío, gris.
Conecta con mi tristeza, y me cabrea.
Como cuando estás triste, y mantienes el tipo a duras penas, y entonces viene alguien y te pone la mano sobre el hombro en señal de comprensión, y hace que la frágil imagen de entereza caiga, y te derrumbes. Odio eso.
A veces no quiero que me consuelen, ni quiero llorar delante de la gente. Quiero mantener mi endeble fortaleza, mi fortaleza de chicha y nabo, lo más digna y distante que pueda.
Que a veces no es mucho.
Hace días que Él y yo acordamos no vernos ni mantener ningún tipo de contacto, hasta que no resuelva su situación - tengo la sensación de que la he explicado tantas veces, que no pienso volver a mencionarla.
No es un castigo, y si todo fuera bien, dentro de unos días volveremos a hablar y volveremos a vernos, y a estar juntos.
Pero no puedo quitarme de encima la angustia de que no va a ir bien (para mí).
No puedo quitarme de encima este dolor estúpido.
Y no puedo evitar que, cuando días como éste me ponen la mano sobre el hombro, toda mi fortaleza de cartón se tambalee.

