Lucho contra la frustración de la espera. Esperar, esperar... no me gusta esperar.
La espera me da una sensación de "tiempo perdido". Un tiempo en el que no puedes hacer nada más que esperar a que pase, mientras llega lo que esperas. Esperar, espera, esperas... Tiempo que se va, que se pierde.
Me encuentro pasando los días en una espera emocional, la de volver a verte. "Que pase rápido el lunes, que llegue el martes, que vuele el miércoles..." Que pasen los días hasta el momento en que vuelva a encontrarte.
Que todas esas horas de espera estéril e inconsciente se guarden para ese momento, que podamos utilizarlas entonces, que se detenga el reloj!!
Pero el tiempo avanza siempre a la misma velocidad, aunque se haga eterno cuando espero y tan corto cuando estoy contigo.
Y así me encuentro hoy. Esperando...
miércoles, 30 de agosto de 2006
viernes, 25 de agosto de 2006
Olores
Me encanta oler.
Podía tirarme el rollo y decir que soy una chica super sensitiva, pero la verdad es que haciendo un repaso por el resto de los sentidos, no es cierto del todo.O bueno, quizá sí :P Pero lo de los olores es algo espectacular. De esas cosas que haces toda la vida sin darte cuenta hasta que a alguien le choca y te lo hace notar.
Por ejemplo, oler la comida o la bebida antes de probarla (esto no lo hace todo el mundo? Parece ser que no!)
Oler un libro o una revista antes de leerlo. Los diferentes olores del papel y la tinta... me encantan. Es parte de su "sello" (incluso los que no son muy agradables tienen un efecto magnético sobre mí!)
Pero aparte de esas pequeñas ¿manías?, me encanta bajar a la calle y percibir los olores.
Vivo en el mismo barrio desde siempre (sobre el apego que desarrollo a casi todo ya hablaremos otro día), y cada día me gusta más.
Aún existen calles por las que puedes pasar, y depende de la hora percibes unos olores u otros. A las 9 de la mañana, se inundan de olor a café recién hecho, a colacao, incluso a leche quemada en algunos casos, a colonia de niños preparándose para ir a al cole. A mediodía, huele a las comidas más diversas, guisos y sopas, carnes o pescados friéndose en la sartén.
La llegada de vecinos inmigrantes trae olores diferentes, de inciensos, tés y alimentos distintos, aromas que distribuyen sin saberlo a su paso por la calle.
El verano calienta la tierra y todo huele más y mejor, los árboles y la hierba al pasar por delante de un parque, la gente...
Me encanta oler y tengo mi propia lista de buenos olores. A veces capto al vuelo olores indeterminados que me retrotraen a otras épocas, otros lugares, que sin saber por qué me recuerdan a personas con las que compartí cosas y a las que dejé de ver hace mucho. Y desearía poder embotellar esos olores para disfrutarlos cuando quisiera.
Supongo que es uno de esos placeres tontos y gratis. Como todos los buenos de verdad.
Podía tirarme el rollo y decir que soy una chica super sensitiva, pero la verdad es que haciendo un repaso por el resto de los sentidos, no es cierto del todo.O bueno, quizá sí :P Pero lo de los olores es algo espectacular. De esas cosas que haces toda la vida sin darte cuenta hasta que a alguien le choca y te lo hace notar.
Por ejemplo, oler la comida o la bebida antes de probarla (esto no lo hace todo el mundo? Parece ser que no!)
Oler un libro o una revista antes de leerlo. Los diferentes olores del papel y la tinta... me encantan. Es parte de su "sello" (incluso los que no son muy agradables tienen un efecto magnético sobre mí!)
Pero aparte de esas pequeñas ¿manías?, me encanta bajar a la calle y percibir los olores.
Vivo en el mismo barrio desde siempre (sobre el apego que desarrollo a casi todo ya hablaremos otro día), y cada día me gusta más.
Aún existen calles por las que puedes pasar, y depende de la hora percibes unos olores u otros. A las 9 de la mañana, se inundan de olor a café recién hecho, a colacao, incluso a leche quemada en algunos casos, a colonia de niños preparándose para ir a al cole. A mediodía, huele a las comidas más diversas, guisos y sopas, carnes o pescados friéndose en la sartén.
La llegada de vecinos inmigrantes trae olores diferentes, de inciensos, tés y alimentos distintos, aromas que distribuyen sin saberlo a su paso por la calle.
El verano calienta la tierra y todo huele más y mejor, los árboles y la hierba al pasar por delante de un parque, la gente...
Me encanta oler y tengo mi propia lista de buenos olores. A veces capto al vuelo olores indeterminados que me retrotraen a otras épocas, otros lugares, que sin saber por qué me recuerdan a personas con las que compartí cosas y a las que dejé de ver hace mucho. Y desearía poder embotellar esos olores para disfrutarlos cuando quisiera.
Supongo que es uno de esos placeres tontos y gratis. Como todos los buenos de verdad.
martes, 22 de agosto de 2006
Mis previsiones erróneas o "¿cómo-es-posible-que-esté-tan-enamorada-de-ti?"
Es curioso como a veces, inconscientemente, hacemos una previsión de cómo van a evolucionar las cosas, nuestras cosas: el trabajo, la familia... el amor. No es exactamente hacer planes. Es... establecer una línea de posibilidad de acontecimientos, en base a lo que sabemos de la vida y de nosotros mismos.
Bueno, pues a mí se me da fatal. Y en este caso, claro, hablo de sentimientos. Se ve que no me conozco, o sobreestimo mi capacidad de controlar lo que siento. El caso es que NADA evoluciona como yo - en un plano semiinconsciente - podía prever.
"Me voy a las Chimbambas con él" le dije"En agosto, de vacaciones, una semana"
Breve silencio por su parte, y "No me preocupa que te vayas. Me preocupa más cómo vuelvas."
Cierto. Mis vacaciones significaban casi tres semanas sin vernos. Cada uno con su pareja titular ("Titular": dícese de la persona que ostenta el cargo oficialmente ante la sociedad, al margen de otras consideraciones emocionales".)
¿Qué iba a suponer eso? Probablemente, la distancia no haría que nos olvidáramos el uno del otro cuando no lo habíamos hecho en casi ocho años. Pero quizá nos diera pie a poner en claro nuestros sentimientos y las últimas experiencias vividas, y a un renovado acercamiento a nuestros respectivos"titulares".
Sí. Llegaría septiembre, y el otoño, y alguno de los dos hablaría, los dos lloraríamos, y volveríamos a distanciarnos, a alejarnos, a no olvidarnos en la distancia y a seguir con nuestras vidas.
Pero no. Vuelvo de vacaciones a mi ciudad y mi rutina, y soy consciente de que no he dejado de pensar en él. Y lo veo y me abraza y nada ha cambiado. Me dice "te quiero" y siento el corazón estremecerse por dentro, y sé que estoy enamorada, mucho, más de lo que quiero admitir.
Y de repente me parece una estupidez haber pensado alguna vez que eso iba a cambiar en tres semanas.
Todo sigue igual de difícil y de complicado. Peor, cada vez más. Ni controlo lo que siento, ni sé qué hacer, ni cómo hacerlo. Y me siento vulnerable (cosa que odio). Y querría salir corriendo para recuperar el control (cada vez me da más risa esta palabra), y a la vez me siento incapaz de alejarme, porque NO QUIERO.
A veces pensamos que las cosas van a ser de una manera, y la vida no deja de sorprendernos. En mi caso, o el amor se ríe de mí o es que yo no dejo de tomar las decisiones equivocadas. Aún no lo tengo claro.
Bueno, pues a mí se me da fatal. Y en este caso, claro, hablo de sentimientos. Se ve que no me conozco, o sobreestimo mi capacidad de controlar lo que siento. El caso es que NADA evoluciona como yo - en un plano semiinconsciente - podía prever.
"Me voy a las Chimbambas con él" le dije"En agosto, de vacaciones, una semana"
Breve silencio por su parte, y "No me preocupa que te vayas. Me preocupa más cómo vuelvas."
Cierto. Mis vacaciones significaban casi tres semanas sin vernos. Cada uno con su pareja titular ("Titular": dícese de la persona que ostenta el cargo oficialmente ante la sociedad, al margen de otras consideraciones emocionales".)
¿Qué iba a suponer eso? Probablemente, la distancia no haría que nos olvidáramos el uno del otro cuando no lo habíamos hecho en casi ocho años. Pero quizá nos diera pie a poner en claro nuestros sentimientos y las últimas experiencias vividas, y a un renovado acercamiento a nuestros respectivos"titulares".
Sí. Llegaría septiembre, y el otoño, y alguno de los dos hablaría, los dos lloraríamos, y volveríamos a distanciarnos, a alejarnos, a no olvidarnos en la distancia y a seguir con nuestras vidas.
Pero no. Vuelvo de vacaciones a mi ciudad y mi rutina, y soy consciente de que no he dejado de pensar en él. Y lo veo y me abraza y nada ha cambiado. Me dice "te quiero" y siento el corazón estremecerse por dentro, y sé que estoy enamorada, mucho, más de lo que quiero admitir.
Y de repente me parece una estupidez haber pensado alguna vez que eso iba a cambiar en tres semanas.
Todo sigue igual de difícil y de complicado. Peor, cada vez más. Ni controlo lo que siento, ni sé qué hacer, ni cómo hacerlo. Y me siento vulnerable (cosa que odio). Y querría salir corriendo para recuperar el control (cada vez me da más risa esta palabra), y a la vez me siento incapaz de alejarme, porque NO QUIERO.
A veces pensamos que las cosas van a ser de una manera, y la vida no deja de sorprendernos. En mi caso, o el amor se ríe de mí o es que yo no dejo de tomar las decisiones equivocadas. Aún no lo tengo claro.
miércoles, 26 de julio de 2006
Ah, el amor!
* Hay una persona en el mundo (sólo una) que es tu media naranja y con la que serás felicísimo hasta el fin de tus días.
* El amor es suficiente para tener una relación de pareja.
* Sin amor es imposible tener una relación de pareja.
* Si lo haces, eres un cabrón/puta. Y muy, muy mala persona.
* Si lo haces y no lo cuentas, eres aún más cabrón/puta, peor persona, y con toda seguridad irás al infierno.
* Si lo haces y lo cuentas... eh ¿qué dices? ¡eso NO se hace!! ¿Aún no te ha quedado claro?
En fin, todas estas delicias nos las van inscribiendo en algún chip interno, no sé en qué momento ni de qué manera. Y durante parte de nuestra vida (en algunos casos, muy poca, en otros, toda la vida) nos las creemos.
Y luego que la gente sufre...
* El amor es suficiente para tener una relación de pareja.
* Sin amor es imposible tener una relación de pareja.
* Los seres humanos estamos hechos para vivir en pareja (de preferencia, hetero, que lo de los homosexuales aún se ve raro y antinatural)
* Tener churumbeles (al menos uno) es el sumum de la felicidad dentro de este universo de parejas ideales (el-uno-para-el-otro) y heterosexuales.
* Si tienes novio/pareja/estás casado, automáticamente pierdes tu capacidad de sentir afectos/enamorarte de otras personas.* Si lo haces, eres un cabrón/puta. Y muy, muy mala persona.
* Si lo haces y no lo cuentas, eres aún más cabrón/puta, peor persona, y con toda seguridad irás al infierno.
* Si lo haces y lo cuentas... eh ¿qué dices? ¡eso NO se hace!! ¿Aún no te ha quedado claro?
En fin, todas estas delicias nos las van inscribiendo en algún chip interno, no sé en qué momento ni de qué manera. Y durante parte de nuestra vida (en algunos casos, muy poca, en otros, toda la vida) nos las creemos.
Y luego que la gente sufre...
lunes, 24 de julio de 2006
Madurar
Cuantos más años cumplo, más me doy cuenta de que lo de madurar y eso es un cuento chino. Chino mandarino, vamos.
Yo me recuerdo de pequeña, mirando a la gente "mayor" como si supieran lo que hacen, como si tuvieran sus vidas bajo control.
Y ahora soy "mayor", y estoy rodeada de otros "mayores"... y veo inestabilidad, miedos, reacciones infantiles aplicadas a situaciones "de adultos".
Y sólo me queda pensar que lo de madurar es un proceso irregular, que cada uno lleva a su ritmo y que hay gente que no lo consigue nunca por muchos años que viva.
De todas formas, si maduras demasiado acabas pudriéndote... :)
Y yo siento que aún estoy más verde...
Yo me recuerdo de pequeña, mirando a la gente "mayor" como si supieran lo que hacen, como si tuvieran sus vidas bajo control.
Y ahora soy "mayor", y estoy rodeada de otros "mayores"... y veo inestabilidad, miedos, reacciones infantiles aplicadas a situaciones "de adultos".
Y sólo me queda pensar que lo de madurar es un proceso irregular, que cada uno lleva a su ritmo y que hay gente que no lo consigue nunca por muchos años que viva.
De todas formas, si maduras demasiado acabas pudriéndote... :)
Y yo siento que aún estoy más verde...
viernes, 14 de julio de 2006
¿Por qué "A coger caracoles"?
Cuando era pequeña, pasaba los veranos con todos mis primos (todos más pequeños que yo) en la casa del pueblo, con mis abuelos.
Mi abuela cocinaba, limpiaba y cuidaba de todos. Era la abuela-madre.
Pero también estaba la abuela-bruja, que nos contaba cuentos e inventaba historias maravillosas. Mis primos y yo crecimos creyendo que todo era posible, que había duendes detrás de cada piedra, que los árboles eran lugares de reunión para las brujas y que en las noches de luna llena proyectabas no una, sino hasta tres sombras.
Las tormentas de verano en el pueblo eran aterradoras. Las montañas crujían como si fueran a romperse, el río solía desbordarse, invariablemente nos quedábamos sin luz y teníamos que ir con velas por toda la casa.
Pero cuando por fin dejaba de llover, era un momento mágico. Entonces salía la abuela-niña, que nos miraba sonriente y con los ojos brillantes, y nos decía "Vamos a coger caracoles!"
Y allá que nos íbamos todos, 12 o 14 pies pequeños con ella. Recuerdo el olor del campo después de llover como uno de los mejores del mundo. La delicadeza en nuestros pasos para no pisar ningún caracol, la alegría de descubrirlos, seguirlos y observarlos casi hipnotizados, el regresar a casa, mojados y con las mejillas coloradas.
Jamás comimos ninguno de esos caracoles. Eran caracoles de carreras, caracoles amigos, que al cabo de unos días devolvíamos al campo.
A veces echo de menos esos caracoles. Y el olor de la lluvia. Pero sobre todo, echo de menos a mi abuela, entusiasta, diciendo "Vamos a coger caracoles!!"
Mi abuela cocinaba, limpiaba y cuidaba de todos. Era la abuela-madre.
Pero también estaba la abuela-bruja, que nos contaba cuentos e inventaba historias maravillosas. Mis primos y yo crecimos creyendo que todo era posible, que había duendes detrás de cada piedra, que los árboles eran lugares de reunión para las brujas y que en las noches de luna llena proyectabas no una, sino hasta tres sombras.
Las tormentas de verano en el pueblo eran aterradoras. Las montañas crujían como si fueran a romperse, el río solía desbordarse, invariablemente nos quedábamos sin luz y teníamos que ir con velas por toda la casa.
Pero cuando por fin dejaba de llover, era un momento mágico. Entonces salía la abuela-niña, que nos miraba sonriente y con los ojos brillantes, y nos decía "Vamos a coger caracoles!"
Y allá que nos íbamos todos, 12 o 14 pies pequeños con ella. Recuerdo el olor del campo después de llover como uno de los mejores del mundo. La delicadeza en nuestros pasos para no pisar ningún caracol, la alegría de descubrirlos, seguirlos y observarlos casi hipnotizados, el regresar a casa, mojados y con las mejillas coloradas.
Jamás comimos ninguno de esos caracoles. Eran caracoles de carreras, caracoles amigos, que al cabo de unos días devolvíamos al campo.
A veces echo de menos esos caracoles. Y el olor de la lluvia. Pero sobre todo, echo de menos a mi abuela, entusiasta, diciendo "Vamos a coger caracoles!!"
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