lunes, 3 de septiembre de 2007

La mochila

Vuelvo a casa con el coche. Es tarde. Último día de las fiestas de mi Barrio. Los fuegos artificiales centellean en el cielo.

Me froto los ojos. Me molestan, están hinchados. Hacía mucho tiempo que no lloraba.
Continúo viendo los fuegos artificiales y me da un punto de nostalgia; cuando era adolescente, las fiestas del Barrio eran algo importante. Salíamos toda la pandilla, nos dejaban quedarnos hasta tarde en la verbena ("venga papá... si a todos les dejan!"), rondábamos por las ferias, nos tirábamos en el parque sin nada más que hacer que estar juntos.
Eran tiempos más fáciles, supongo.

Entonces, me reprendo a mí misma por pensar en esa época desde la indulgencia del adulto.
En esos tiempos, todo era un remolino de emociones y sentimientos. Nos enamórabamos, nos desengañábamos, sufríamos con la misma intensidad que ahora. No eran historias de críos, sin importancia. Para nosotros entonces era lo más importante del mundo. Las lágrimas quemaban igual.

Y pienso ¿qué es diferente, pues?
Reflexiono un poco, no mucho. Mi trayecto se desvía, entro en una calle diferente y ya no veo las luces en el cielo, aunque continúo escuchando el sonido de los cohetes.

Lo primero que se me ocurre es que cuando éramos adolescentes, teníamos todo por delante. Tanto que estudiar, que aprender, que vivir. Tantas elecciones que hacer y deshacer; prácticamente todo el mundo estaba por estrenar. Tantas posibilidades... Había menos miedo a equivocarse, porque veíamos tanto tiempo por delante para enmendar los errores...

Pero además, es diferente la "carga". Pienso en aquella canción de Chambao que dice
"la mochila que llevamos, va cargaíta de piedras".
Como adultos, acumulamos vivencias, aprendizajes, experiencias, recuerdos... Nuestra "mochila". Nuestro bagaje. A veces, nuestro lastre.

Qué felicidad caminar ligero, con la vida por delante y con la mochila más liviana, como un adolescente.
No reniego de los años de mi "mochila", ni de lo vivido, ni de lo que soy.
Pero algunos días pesa tanto...

2 comentarios:

Ángel Caído dijo...

Siempre hay tiempo para enmendar los errores. No tengas miedo a equivocarte. Todo pasa.

Maribel Molina Rey dijo...

desaprender y vaciar la mochila de vez en cuando, aunque me cueste desprenderme de recuerdos, es mi truco, y algunas veces me funciona.

Un saludo, me gusta tu blog.