viernes, 30 de marzo de 2007

Comida china para llevar

Salgo de Su casa - visita relámpago - , son más o menos las 22'00 de un día entre semana. Hace frío y lloviznea. Él vive en una zona bastante "desangelada", con naves industriales cerca, pisos nuevos o en construcción por otro lado, solares y zonas verdes, o que algún día serán verdes.

En fin, bajo a la calle a coger el coche y cuando no he avanzado ni diez metros, veo una niña china. Me pregunta el nombre de una calle
- ¿Sabes donde está la calle Elquintopino?

Me fijo bien, y veo que sostiene en una de sus manos una bolsa de plástico con comida china.
Es una niña muy pequeña, apenas un metro de alta. Yo no sé dónde está esa calle, así que le llamo a Él por teléfono, y más o menos me lo indica, mirando un plano. Pero está muy lejos de donde nos encontramos.

La miro, me mira. Tengo mi coche a 4 metros.

- Este es mi coche - empiezo a explicarle - Te llevo...? - según voy hablando, cambio de idea. Esa niña tan pequeña NO tiene que aprender eso. Así que cambio el discurso - Mira, no tienes que subirte en el coche de gente que no conoces. Pero si quieres, te acompaño hasta la calle.

- Vale.

Caminamos la una al lado de la otra. Habla por los codos.Me cuenta que tiene 9 años, me repite su nombre varias veces. Sus padres son chinos, aunque ella ha nacido aquí y no ha estado nunca en China. Sabe hablar chino, pero no lo escribe. Lo aprenderá "de mayor".
Sus padres tienen un restaurante. El chico que reparte se ha despedido y ahora es su padre quien lleva los encargos, pero en ese momento había salido a un encargo lejos, y su madre la ha mandado a ella. "Hemos mirado juntas en el plano donde estaba la calle, no está lejos".

La veo ahí, tan pequeña, yendo a llevar un encargo de comida a domicilio a una calle que sólo ha visto en un mapa. De noche.

- No deberías ir tú. Hay gente que no es buena, y si te ven sola te pueden hacer daño.
Ella asiente con la cabeza.

Pasamos al lado de una gasolinera desierta. Más adelante, unas obras. Está oscuro y todo parece más grande y amenazador. Pienso que hacemos una pareja bien extraña.

Al cabo de unos 20 minutos encontramos la calle, después de cruzar un parque. Pero el número del encargo parece no existir. Volvemos a cruzar el parque. Pregunto en un bar. Lo cruzamos de nuevo.
Le sugiero llamar al restaurante. Se niega. Creo que es porque ha pasado ya mucho tiempo y tiene miedo de que le riñan.
Cuando ya no se me ocurre qué hacer, se nos acerca una moto y el conductor empieza a gritarnos en chino. Le grita a ella, claro. Al cabo de un rato me mira a mí, extrañado.

- La he acompañado. Es muy pequeña para ir sola.
- Ah. Vale. Gracias. Adios.

Me hubiera gustado decirle algo más, decirle que no está bien mandar a una niña de noche a llevar comida, que es peligroso. Meterle miedo. Pero no me sale.

La niña sube a la moto, me dice adios y la moto se aleja.

Son las 23'00, y yo tengo al menos media hora andando hasta mi coche.

6 comentarios:

itsasbeltza dijo...

Historia agridulce como la salsa de la comida que llevaría. Al final nos quedamos sin saber si la bronca es por tardar en llevar el encargo o por ponerse a hablar con "desconocidas". ¿Te has parado a pensar que si la hubieses llevado en coche, la niña no se hubiera llevado la bronca?, aunque ya lo sé...! el fin no suele justificar los medios y yo hubiera hecho lo mismo que tú...

En fin...! ¡me ha gustado mucho esta entrada!

Cuca dijo...

Esa niña no te olvidará nunca, porque si te ha marcado a tí, imagínate a ella, con nueve años, los niños se acuerdan de estas cosas. Y yo también la habría acompañado a pié.

Y creo que aunque el padre no haya aprendido nada, la peque ha aprendido algo de ti, a cuidarse sola.

Anónimo dijo...

Tierna y dura historia a la vez...

Ángel Caído dijo...

Pues creo que hiciste lo correcto. Yo en tu lugar no hubiese sabido que hacer. Claro como soy tan indeciso para todo, jajajaj.
Por cierto, hablando de cosas menos importantes o sí. Es una buena señal salir de su casa a esas horas, ¿no?

Anónimo dijo...

Ésta historia me produce una sensación de desasosiego casí parecida a la de esas películas de suspense que nunca me han gustado...pero que ha veces hay que ver.

Y ésto no es una película, es la vida real, y no me gusta...no acepto que se utilice a los niños, aunque sean los hijos del negocio a sacar adelante, aunque sean otras culturas...otras necesidades.
No me gusta. Me da miedo. Por los niños, por el futuro...
Deseo que el padre, o quien fuese el de la moto, al menos sintiera vergüenza...y tu actitud le haga pensar un poco.

Blackberry dijo...

Sí que es una mala sensación, sí, porque además va acompañada de un sentimiento de impotencia que no te puedes quitar de encima :(

Por otro lado, Angel, lo de salir de su casa a esas horas es una señal... pero aún no sé de qué :)
La cosa va lenta en cuanto a normalizarse la relación, pero para llegar a donde estamos hemos dado pasos gigantescos, todo hay que decirlo. Así que ahí estoy...